31 marzo 2014

HIJA

A Briara, mi hija, con infinito amor


Por el camino azul que olvidó los almendros,
allí donde camina el agua quieta, 
donde nunca es invierno
y las esquinas sueñan,
construimos la casa tras un muro de piedra .
Sin detener el viaje, reposamos las cargas
a salvo del olvido.
Yo llevaba, 
en el lugar más tibio de mis cuevas,
a la hija:
la que tú adivinaste al mirar mis océanos.
La forjamos un día con el brío del viento,
sobre un mar galopado por caballos de fuego
y allá, tras aquella muralla infinita,
vimos en ella tus ojos y mi frente
y su inédita  luz 
serpenteando
 vivaz por los rincones.




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